POR QUIÉN VOTAR

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Por Marcos Silva Martínez

Todo ciudadano debe votar, pero debe ser responsable al elegir por quién votar.

El poder presidencial en Colombia, política, legal,  institucionalmente y por conveniencia del régimen,  es determinante para definir la dirección del desarrollo de la nación. Por esa razón, para elegir al presidente de la nación, es necesario conocer y analizar  su propuesta  de gobierno, sus antecedentes  ciudadanos, sus vínculos o dependencia de intereses de terceros y la politiquería y el nivel y carácter de compromisos con los financiadores de su campaña.

Debemos aceptar y creer que el atraso socioeconómico nacional, obedece a que quienes han gobernado a Colombia,  hasta el presente, no han tenido el sentido de responsabilidad social y ético necesarios, para lograr un desarrollo integral nacional, capaz de superar el atraso socioeconómico y así,  mejorar  las condiciones de vida de todos los colombianos.

Por  el contrario, hasta el presente, todos los gobiernos han tomado decisiones contra los intereses nacionales y a favor de intereses de sectores económicos específicos (privatización de lo público, apertura económica inequitativa e irresponsable, conversión de la educación y la salud en un negocio de especuladores inescrupulosos, tolerancia criminal de corruptos, impunidad generalizada, etc.),  y han permitido y hecho posible la degradación ética y moral de instituciones del estado y de la cultura y la moral social y pública.

Esa es la causa específica del caos y anarquía institucional, que se cosecha en todos los niveles del poder público, de la exclusión social, del desempleo, la pobreza y la miseria, que constituyen la problemática social que aqueja al pueblo colombiano.

Durante el tiempo de campaña, para las elecciones presidenciales, se puede conocer  la interpretación que hace cada candidato de la problemática nacional y la solución que propone.

Todos tratan de hacer creer, que su solución propuesta es la mejor.

Por lo que se conoce hasta hoy, es clarísimo que la propuesta de los representantes de la extrema derecha (uribismo, vargaslerismo, otros), de ninguna manera permite resolver los problemas socioeconómicos de las mayorías. Son  sofismas de cambios, pero quieren llegar al poder,  para que todo siga igual, en el manejo y explotación de la riqueza. Y esa ha sido la constante desde hace más de 200 años.

El uribismo, con mayor descaro y perversidad, anuncia desconocer los acuerdos de paz y en particular la JEP. Anuncia una sola Corte Suprema y un minimizado congreso, con lo que obligarían una Constituyente Nacional y por esa vía, apoderarse de todos los poderes, con lo que garantizarían impunidad total, para quienes deben responder por hechos criminales, en ese sector político, partiendo de su jefe, que tiene más de 200 procesos por hechos criminales graves,  cubiertos de total impunidad. Hasta hoy, es el más beneficiado con la impunidad total que se entronizó en Colombia. Así se hace la política en Colombia, así se gobierna  y así se engaña al pueblo sistemáticamente.

Las reformas económicas propuestas por el uribismo, son perversas.  Propone reducir los impuestos a los ricos. Y estos, proporcional a sus ingresos son los que menos pagan. Está demostrado. Nada dice del IVA, que quienes más lo pagan son los pobres. No apuntan a resolver la problemática socioeconómica colombiana, que es mucho más grave que lo que la gente cree.

Colombia está entre las naciones de mayor  inequidad socioeconómica  del mundo.  Ocupa  el sexto puesto, en inequidad socioeconómica, entre 195 naciones y el segundo lugar en Latinoamérica, después de Haití. La exclusión socioeconómica es aberrante. Debe erradicarse totalmente.

Los colombianos necesitan un gobierno, presidido por un presidente de la república,  que se responsabilice del desarrollo socioeconómico equitativo integral. Para lograrlo, debe derrotar el clientelismo, la politiquería y la corrupción que penetró todas las ramas del poder público, la industria y el comercio (contrabando, narcotráfico, avivatos, etc.) y la misma cultura ciudadana, que en muchos casos hace causa común con el oportunismo de avivatos y bandidos.

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