DINÁMICAS DE LA ANARQUÍA SOCIAL

Foto: Jaiver Nieto Álvarez

Por Marcos Silva Martínez.

Creo en el principio que precisa: la existencia social determina la conciencia social. El comportamiento general de los individuos, refleja las costumbres, creencias, tendencias  y hábitos   que prevalecen en el entorno social en el que han vivido.

Los conocimientos académico-intelectuales, pueden modelar, hasta determinado nivel, el comportamiento social general de los individuos, pero indiscutiblemente se  mantienen los efectos culturales dominantes, del entorno en el que se formó y transcurre su vida.

Cuando se habla de descomposición social (evidente en Colombia), debe entenderse como la consecuencia de la pérdida sistemática  de valores humanos. Es lastre social que  se profundiza de generación en generación, en la sociedad colombiana. Los problemas de desorden social, de intolerancia y anarquía social que traduce y produce segregación social, pobreza y miseria, conduce inevitablemente a la inseguridad social creciente,  que se padece en Colombia.

Los órganos de poder y la institucionalidad en general, son reflejo de la sociedad a la que corresponden y pertenecen. La debilidad institucionalidad y su proclividad a la laxitud, tolerancia e ineficacia, corresponden a la estructura y modelo social que la propicia y sobre el que se proyecta  y se soporta. Los gobernantes que representan y/o ejercen funciones públicas, no son inmunes ni ajenos a la descomposición social y anarquía dominantes.  Ahí se formaron, de allá vienen. Es imposible salir de la piscina sin mojarse. El que maneja miel algo se le pega.

Las causas de los males sociales que aquejan a los colombianos, con mayor dureza cada día,  se deben buscar y encontrar, en ese caldo de cultivo que se crea con la pérdida de valores humanos, que comienza en el seno de la familia y se consolida en los centros de formación académica y se aplican sus efectos, en el ámbito social cotidiano, todo coadyuvado por el modelo y estructura  institucional que rige los destinos de la nación. Educación e institucionalidad principalmente.

En columna anterior expresé que hay naciones que en poco tiempo, se desarrollaron económica, académica y culturalmente. Pero todas ellas han contado con una institucionalidad fuerte, responsable  y coherente con los objetivos de alcanzar metas de mejoramiento socioeconómico general (países escandinavos, Singapur, Corea del Sur, Vietnam, entre otros).

Las condiciones socioeconómicas y fiscales de Colombia, no auguran posibilidades de mejoramiento de calidad de vida y los compromisos y manejo económico que hacen los gobiernos, siempre conducen a resultados difíciles y peores.

El endeudamiento público nacional es dramático. Puede ya superar el 100% del PIB, aunque el gobierno lo disfrace. La corrupción y la impunidad amenazan el futuro de la nación. El desempleo, subempleo y segregación socioeconómica, obedecen al modelo económico impuesto por el poder del mercado y aceptado por gobiernos lacayos consecutivos.   La inversión social decrece y la que hacen es al debe. Las decisiones económico-legales, siempre protegen el capital y desangran los pringosos bolsillos de los pobres, que es la mayoría nacional. La educación y la salud, se privatizó a favor del sector privado que las explota y condiciona. Son entre otros aspectos del que hacer nacional, que están en crisis progresiva y sin ninguna perspectiva de cambio para mejorar.

Ninguno de los candidatos, hasta ahora, ha planteado algo que conduzca a resolver la encrucijada socioeconómica y fiscal nacional. Los de extrema derecha en particular, con sus planteamientos (uribismo, Vargas Lleras y consortes, Pinzón, pastranismo, etc.), propugnan por profundizar la crisis socioeconómica, en todo a favor del capital y en contra de las mayorías nacionales.

Son estos los temas que los electores deben tener en cuenta para decidir por quién vota y en consecuencia, por quién no.

Como siempre, todos los candidatos dicen tener la fórmula para resolver la encrucijada nacional y recodemos que siempre se ha consumado el engaño, desde hace más de 200 años.

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