OTRA VEZ, EL ESCÁNDALO DE LA EVASIÓN DE IMPUESTOS

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Por Carlos Tobar.

No acababa de “secarse la tinta” de mi anterior escrito sobre el gravísimo problema de la evasión de impuestos, cuando vuelve a “saltar la liebre” con el escándalo de los “Paradise papers”. Ahora, agravado con la vinculación del mismísimo presidente de la república, Juan Manuel Santos, con negocios en paraísos fiscales, los modernos instrumentos del filibusterismo financiero mundial. En ellos, los ricos del mundo –el 0,01% de la población mundial–, ocultan sus fabulosas fortunas de los fiscos de los países donde hacen sus negocios y amasan incontables riquezas.

Digamos, de entrada, que, en la lógica del mercado (el sacrosanto libre mercado) esas riquezas, sobre todo las utilidades periódicas obtenidas, deben tributar una porción de las mismas por, precisamente el uso que se hace de aquel: la capacidad de compra de los pueblos, las vías, los servicios públicos, los servicios de seguridad y administración del estado, los equipamientos urbanos y rurales, etc. Sin la existencia de ese mercado, no hay negocio. Lo que nos lleva a una primera conclusión: los impuestos sobre las ganancias, en una proporción racional y justa, es la retribución elemental que todo dueño de capital o rentista, está obligado a entregar a la sociedad para cubrir las necesidades comunes. No es una dádiva, es una retribución. Es el principio básico de lo que se llama hoy, pomposamente, Responsabilidad Social Empresarial. Así, sucede con las rentas del trabajo; también y ajustada a sus proporciones los salarios y estipendios recibidos deben tributar para solventar los bienes comunes de la sociedad.

Que los ricos, mejor, los ultraricos del mundo (de los países ricos y los países en desarrollo) no cumplan con la obligación de tributar de acuerdo a sus ganancias, se puede considerar un crimen imperdonable. Porque, esos recursos que no se transfieren, son imprescindibles para combatir el problema más grande de la sociedad contemporánea: la desigualdad. El desarrollo económico y social de los países, se apoya en los recursos que produce la sociedad respectiva. Pero, si una parte sustancial de esos recursos no cumple con la obligación de tributar, las desigualdades se desbordan creando todo tipo de desajustes.

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De los escándalos por evasión, como Panamá papers y, ahora, Paradise papers, está quedando en evidencia que, en el caso de Colombia, los ultraricos y las grandes multinacionales, no pagan los impuestos que deberían pagar. En los Paradise papers, ya se habla, de cerca de 200 grandes propietarios de fortunas considerables, que se han instalado en paraísos fiscales. Muchos de ellos, están argumentando, como lo hicieron en el caso Panama papers, que, si bien es cierto existen sus empresas en esos sitios, no son ilegales porque están declaradas en el fisco nacional. Pero, si las declaran, ¿para qué crearlas? Nos creen bobos, aunque todos sabemos que es el taparrabo que usan para justificar ese proceder ante la administración de impuestos y la fiscalía que, de esa manera aparta convenientemente la mirada de sus actividades ilícitas.

Personajes como, Juan Manuel Santos; Gabriel Silva Luján, uno de sus escuderos más fieles; la “Paca” Zuleta, directora de Colombia compra eficiente, el programa de transparencia en contratación pública, enredada en planificación para evadir impuestos de la multinacional Glencore; Jorge Alberto Uribe Echavarría, exministro de defensa del gobierno Uribe; el inefable exembajador en Washington, Carlos Urrutia, el responsable de las trapisondas para apropiarse de los baldíos en los llanos orientales, los zares de las basuras William Vélez y los hermanos Ríos Velilla y otros, más los que faltan por aparecer que, muestran como las élites aglutinadas en las principales banderías, santistas y uribistas, tienen un comportamiento que los hermana: el de la sucia tarea de esquilmar al fisco nacional. Caso aparte, es la sorprendente aparición de Ecopetrol y EPM de Medellín con empresas subsidiarias en paraísos fiscales: ¿con qué fin?, ¿cuál es su objetivo?, ¿evadir impuestos? O, será que, si hilamos delgado, ¿la van a vender? ¿Van a feriar las joyas de la corona del sector público? Apague y vámonos.

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