JUSTICIA, AL BANQUILLO

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Por Luís Alfredo Ortiz Tovar.

La justicia, representada en nuestros jueces, debe ser garante de restablecer el orden jurídico cuando quiera que una persona haya desconocido una norma jurídica preestablecida. Este ha sido un gran avance de las sociedades en el mundo, logrando con ello evitar hacernos justicia por mano propia. Sólo así, hemos avanzado en la búsqueda de una convivencia pacífica, y un orden justo.

Que quienes se encargan de dispensar justicia, estén siendo llamados a responder por las injusticias cometidas, producto de su actuar como administradores de justicia, parece un galimatías, tal como suena en estas letras. Enredado o no, es esta la otra verdad, y la otra vergüenza que aqueja al país, con un grado de perplejidad sumo, ahora que jueces del común, con pena en la utilización de su toga, mandan a la cárcel a quienes tienen la labor de guiarlos a ellos mismos en la valoración e interpretación de las normas jurídicas como jueces de cierre. Si el deber de los jueces es que sus providencias sean justas, oportunas y socialmente útiles, cada vez más nos sentimos más lejos de dicho deber. Cómo va a ser justa una decisión que se profiere al amparo de un acto vergonzante, cuando se trata de comprarlas al mejor postor?; y cómo podemos predicar que son oportunas, cuando las mismas se profieren cuando los reclamantes están ya en la eternidad? Pero mas delicado que lo anterior, es qué mensaje se está enviando a la sociedad, cuando hay un grado máximo de incredulidad en la jurisdicción, por hechos como los que hoy son motivo de escozor, cuando ex presidentes de las altas cortes están siendo investigados por conductas, no propiamente resultantes de unas lesiones personales en accidente de tránsito, sino por pretender torcerle el pescuezo a la ley para favorecer investigados?. La sola imputación de dichas conductas, de por sí,  no obstante gozar como cualquier otro ciudadano de la presunción de inocencia, es suficiente para mandar un mensaje adverso al justiciable de incredulidad, resultando de contera un no crea en la justicia y mejor hágase justicia por su propia mano.

Pero de la mano con estos dolorosos hechos, hay un corresponsable de tales actuares, y son las universidades de donde salen a diestra y siniestra abogados, con mucha formación jurídica, pero con poca o nula formación ética, por lo que se constituye en un imperativo, auscultarnos quienes tenemos el deber de educar en las aulas de clase a los futuros jueces. Llevo más de quince años al frente de estudiantes que hoy son abogados, y soy el primero en reconocer la deuda en la formación integral a nuestros estudiantes. Es hora que las instituciones de educación superior y sus facultades de derecho, con el cuerpo profesoral, hagamos al unísono una mea culpa, y dispensemos nuestro mayor esfuerzo en el afianzamiento de valores y principios que dignifiquen la profesión de abogado. Más ética, y menos códigos.

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