EL EXFISCAL ANTICORRUPCIÓN QUE PREDIJO EL FUTURO

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Por Cecilia Orozco Tascón – El Espectador

Hoy ponemos el foco de la corrupción, en la Corte Suprema. Ayer, en la Corte Constitucional y antier, en el Consejo Superior de la Judicatura. Y ¿qué pasa en el Consejo de Estado? ¿Todos los magistrados que han integrado este alto tribunal son impolutos? Permítanme dudarlo. Hace años que ruedan versiones sobre la manipulación grosera, en esa corporación, de unos casos y, también, sobre coimas millonarias que se cobrarían con el fin de favorecer a los encartados en procesos que les podrían significar a estos, gruesas sumas de dinero o castigos de otro tipo como nulidades y pérdidas de investidura. Si bien es cierto que unos cuantos consejeros han dado una batalla desigual por la ética pública, esforzándose en sacar adelante decisiones valientes (por ejemplo, nulidad de la elección de Ricaurte y de la reelección de Ordóñez), también lo es que esa corporación le ha quedado debiendo al país otras sentencias inobjetables.

Uno de los fallos cuestionables, visto con ojos del escándalo actual, fue protagonizado, ¡otra vez!, por el corrupto exdirector anticorrupción de la Fiscalía Gustavo Moreno que, en el año 2012, era el abogado del entonces representante Germán Varón Cotrino, copresidente, de hecho, de Cambio Radical al lado de Vargas Lleras pues nadie cree que Jorge Enrique Vélez o Rodrigo Lara dirijan nada: son sus altavoces, y ya. Regresemos al eje: Varón, opositor no tan legítimo del sistema de Justicia Especial de Paz, JEP, era uno de los 12 conciliadores del Congreso en la truncada reforma a la justicia del año 2012, la misma que se quemó en la puerta del horno por cuenta de las modificaciones inmorales —repito, inmorales— que los seis senadores e igual número de representantes (Varón entre estos) le hicieron al proyecto de reforma horas antes de su aprobación final. Entre las perlas que estos 12 señores le introdujeron al texto de la reforma, estaban muchos autobeneficios impresentables: un congresista que violara el régimen de inhabilidades no perdería la investidura: se le anularía la elección presente y podía volver a presentarse en las próximas elecciones; los parlamentarios infractores de su régimen podrían ser separados del cargo hasta por un año, sin perderlo definitivamente; los empleados públicos (muchos de quienes les debían sus puestos) podrían financiar sus campañas; a los magistrados que los investigaban, les regalarían jubilación a los 70 años en vez de a los 65, y periodos de 12 años en lugar de 8 (paréntesis: ¡el actual ministro de Justicia, Enrique Gil Botero, casualmente exconsejero de Estado, propone ya no 12 sino 15!).

Fue tan cínica la conducta de los conciliadores que la reforma se cayó por decisión del propio Juan Manuel Santos, al día siguiente. Poco después, un ciudadano demandó la investidura de los conciliadores. Fue entonces cuando Varón Cotrino le dio poder a Gustavo Moreno. Lo curioso del asunto es que este personaje corrupto anunció el fallo que favorecería a su cliente y a sus colegas conservándoles su investidura, año y medio antes de que la Sala Plena del Consejo de Estado lo decidiera. Implica que Gustavo Moreno “sabía”, el 17 de julio de 2013, cómo iban a votar los magistrados el 23 de febrero de 2015. En los informes noticiosos de 2013 se lee que Moreno contó que “el Consejo exoneró a los conciliadores porque la denuncia sobre tráfico de influencias de estos, era temeraria” (ver primer enlace y ver segundo enlace). La coincidencia entre la “noticia” del apoderado de Varón, y lo que decidió el Consejo de Estado en 2015 es, por lo menos, inquietante. Y deja más de un interrogante vivo, sobre todo, después de lo que se decía en los mentideros políticos del momento. Los protagonistas de este enigmático episodio niegan cualquier irregularidad en el trámite de la demanda (ver), salvo el demandante quien sigue haciéndose preguntas ¿Alguien se atrevería a meter la mano al fuego por la pureza y rectitud de la decisión judicial que le dio vía libre a la carrera parlamentaria de Varón y de la mayoría de sus colegas conciliadores? Yo no.

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