EL ITALIANO QUE DISEÑÓ LA SILLA DE RUEDAS MÁS REVOLUCIONARIA

Con su innovador diseño, Mario Vigentini pretende integrar a las personas con discapacidad y facilitarles el día a día

Por Lara Gómez Ruiz (Tomado de La Vanguardia)

Mario Vigentini es un profesor italiano que se ha propuesto romper tabúes y cambiar la vida a los discapacitados. Hacía años que tenía claro su objetivo: “crear un instrumento para la integración social”. Tras mucho pensar y varios bocetos, este educador de 45 años lo ha logrado y ha sacado a la luz el que considera el proyecto más importante de su vida: la silla de ruedas eléctrica MarioWay.

Pero, ¿en qué se diferencia de las otras sillas que ya existen en el mercado? Este innovador vehículo cuenta con dos ruedas en lugar de cuatro. Su diseño está inspirado en un Segway, el popular vehículo giroscópico que está de moda en toda Europa y que permite visitar una ciudad entera mientras se circula de pie.

Esta silla de ruedas está pensada para ser conducida sin manos y permite a la persona discapacitada estar a la altura de su interlocutor

La comodidad también es una de las características más destacadas de este invento ya que está pensado para ser conducido sin manos y permite a la persona discapacitada estar a la altura de su interlocutor, facilitando así tareas de la vida diaria, como pedir un café desde el mostrador de un bar o coger un libro de la estantería más alta de la biblioteca, algo imposible hasta ahora.

Mario Vigentini alcanza el parquímetro con facilidad gracias a su silla de ruedas (Miguel Medina / AFP)

Mario Vigentini alcanza el parquímetro con facilidad gracias a su silla de ruedas (Miguel Medina / AFP)

“La gente está cargada de prejuicios y quería cambiar su actitud. Hace años que soy educador de personas con discapacidad y estoy cansado de que la gente trate a mis alumnos como si fueran niños pequeños”, relata Vigentini. MarioWay fue presentado el pasado mes de junio a los ministros de Transporte del G-7 reunidos en Italia como un ejemplo para el futuro de la movilidad. La idea fue muy aplaudida entre los presentes.

MarioWay viaja a 20 kilómetros por hora, tiene una autonomía de 30 kilómetros y en el futuro podría ser utilizada por todo tipo de usuarios, sean discapacitados o no, pues es un instrumento que no contamina y que es muy práctico para moverse por las ciudades. Además, “los usuarios que padecen algún grado de discapacidad logran ser más independientes y esto es algo que me han agradecido de todo corazón desde el primer día”, relata.

En una silla de ruedas tradicional, “la persona está en una posición donde todos los ángulos están cerrados y los órganos de la parte superior del tronco comprimidos” recalca. “MarioWay es todo lo contrario. La persona goza de todos los ángulos y recupera el movimiento de la parte superior del tronco”, lo que genera muchos beneficios para la salud, asegura Vigentini.

Hace años que soy educador de personas con discapacidad y estoy cansado de que la gente trate a mis alumnos como si fueran niños pequeños. MARIO VIGENTINI

Pero la creación de este valioso proyecto no siempre fue un camino de rosas. “Nueve de cada diez personas a las que le contaba mi idea me miraba como si yo fuera un extraterrestre”, reconoce Vigentini. Pese a ello decidió en 2012 participar en un concurso en Nápoles para inventores, llegando a ser finalista. Pocos años después ha logrado su sueño y ahora tiene entre sus manos un gran invento que promete marcar un antes y un después en el día a día de las personas con movilidad reducida.

Con su innovador diseño, Mario Vigentini pretende integrar a las personas con discapacidad y facilitarles el día a día

Con su innovador diseño, Mario Vigentini pretende integrar a las personas con discapacidad y facilitarles el día a día

MarioWay fue lanzada al mercado hace pocas semanas, cuesta 19.300 euros, un precio muy alto al lado de una silla de ruedas eléctrica, cuyo valor es de cerca 1.500 euros, pero su diseñador y los primeros compradores insisten en que “vale la pena”. “Estamos haciendo todo lo posible para lograr un precio más democrático”, explica Vigentini, que espera poder reducir su valor a unos 10.000 euros con la entrada de un socio industrial.

Pese a que todo el mundo creía que la idea de Vigentini no progresaría, el italiano presentó su propuesta a un concurso para inventores en Nápoles y salió finalista

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