DISTRACCIÓN, NO ALIENACIÓN

DISTRACCIÓN, NO ALIENACIÓN - www.tvnoticias.com.co

Por Luis Alfredo Ortiz Tovar.

El futbol, de la manera como se vive hoy en el país, parece más alienante que distractor. Un color de una camiseta, nos invita no a empujar por nuestro equipo, sino como razón válida para quitarle la vida a otro. El transeúnte que sube por la barriada a su casa, de golpe se encuentra con el energúmeno no aficionado sino fanático, que cree que es legítimo abreviar al otro, por no portar su uniforme, el del equipo de su simpatía. Tal vez, muchos de ellos se refugian en el pretexto del furor de la moda del futbol, para en nombre del deporte, delinquir. Y ha sido triste que este escenario se siga presentando, pues la pasión que inspiraba ver al equipo de su cuadra, de su barrio, de su pueblo, de su departamento y de su país, ha pasado más bien a refugiarse en la casa, escasamente a disfrutarlo por algún medio de comunicación.

Ha alienado tanto el deporte del futbol, que parece ser que no hay deporte distinto a este por el que debemos hacer fuerza, como si fueran pocos los logros, estos sí verdaderos, de otras disciplinas como el ciclismo, o el atletismo, elevándonos a reconocimiento mundial. Algo debe haber en la psicología de las masas, que el futbol, al menos en nuestro país, sin haber obtenido gran cosa, nos hayamos dejado sumergir en sus laberintos. Miremos este episodio: un integrante de la selección Colombia de apellido Armero, recientemente en un acontecimiento que no debió haber ocurrido, golpeó de manera cruel a su propia compañera o esposa, tal vez por la ínfula que le significaba ser integrante de la Selección, desconociendo el derecho mínimo que debe tener la mujer, cual es el de no ser golpeada, ni menos por su propio compañero. Terminó pagando una fuerte caución para poderse mover del país donde ocurrió el bochornoso episodio. Nada más pasó, el personaje se fue para su país donde debuta, y ahora lo vemos horondo regresar a hacer parte de la selección, casi que como premio a su actuar. Y lo triste es que el hecho ha pasado ya inadvertido por nuestra memoria de gallina. Los medios lo vitorean, y lo reciben sin reticencia alguna, alardeando de su simpatía. Ni la dirigencia del futbol, ni los medios de comunicación, ni nosotros como aficionados recordamos este mal ejemplo de un deportista, que por muy bueno que sea para dar patadas a un balón, al tiempo lo sea para desconocer el derecho de su propia pareja.

Quizá, ahí está plasmada la fotografía de lo que somos como país, aplaudimos y avalamos a quien no se debe aplaudir ni avalar, y mientras tanto, un sinnúmero de desconocidos ofrendan sus vidas por ser y hacer de Colombia un país en paz, tolerante y respetuoso de los derechos de los demás, siguen siendo invisibles protagonistas de un país que se resiste a seguir siendo injusto.

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