FOLCLOR Y PANDEMIA EN PITALITO

Actualidad Cultura

La decadencia y el desinterés popular por las fiestas folclóricas en Pitalito llegaron a su máxima expresión gracias a la pandemia que azota al mundo desde finales del año anterior.

Por José Gerardo Valencia Gutiérrez (Tomado de Enredijo).

La suspensión de las fiestas folclóricas del San Juan y del San Pedro en Pitalito ni siquiera fue noticia debido al poco interés popular que desde hace décadas despiertan entre los laboyanos las celebraciones que antaño corrían por cuenta de la comunidad y los gremios y que hoy son de exclusivo manejo de las entidades oficiales.

Los músicos, instrumentos y ritmos propios de la zona andina colombiana, elementos ausentes en las fiestas folclóricas de hoy

El desarraigo cultural ocasionado por la fuerte presencia de habitantes venidos de otras regiones del país, cuyas colonias son  la mayoría de la población, y a quienes por obvias razones  les cuesta integrarse y participar activamente en los eventos propios de nuestro folclor, el centralismo en el manejo de los recursos, programación y mecanismo de participación y la marcada influencia   del modernismo globalizante que deja pocos espacios para lo tradicional; hacen que a muy pocos le importe que se haga o no tal o cual reinado, concurso o evento sampedrino.

Ante la imposibilidad de realizar los pocos eventos masivos acostumbrados en las festividades de mitad de año, los funcionarios encargados del fomento y desarrollo cultural en el municipio se quedaron manicruzados, escudando en la pandemia su falta de creatividad y conocimiento de las costumbres y tradiciones que le dan identidad al territorio sur huilense.

Pareciera que para éstos no hay folclor si no hay grandes contrataciones de orquestas que se llevan cada año buena parte del exiguo presupuesto destinado para el fomento folclórico y el desarrollo cultural del municipio, o si no hay reinado, efímero asomo de tradición folclórica para el que se prepara durante un mes a unas cuantas candidatas única y exclusivamente en el baile del sanjuanero, el cual, pasadas las fiestas, casi siempre olvidan .

Der nada ha servido para este propósito la división territorial del municipio en comunas y corregimientos, ya que las Juntas Administradoras Locales -JAL- que se pensaron como órganos naturales de participación y gestión comunitaria, muy pronto perdieron su norte para entrar a engrosar las filas del clientelismo político mas cercano a la lambonería oficial que al reclamo y defensa de los derechos de sus comunidades.

La reina popular, más que un premio y una corona, se ganaba el cariño y el respeto de su pueblo.

Los corregidores, erigidos como autoridad en los ocho sub territorios rurales del municipio, quienes deberían asumir el rol de oentadores del desarrollo social y cultural de las comunidades, se limitan al papel de mandaderos del concejal de su preferencia y a defender a ultranza la imagen del alcalde de turno, quien es, en la mayoría de los casos, su jefe político, olvidando que la conservación de las costumbres y tradiciones que le dan vida al folclor local, son la fuente esencial para la construcción de un verdadero tejido social.

También soltaron la rienda los gremios y organizaciones sociales que antes desempeñaban un rol muy importante en la organización, financiación y desarrollo de las festividades populares. Comerciantes, matarifes (encargados del sacrificio de ganado), ganaderos, caballistas y demás, tenían un día definido para desarrollar su programación especial en la que incluían a campesinos, lustrabotas, braceros y carretilleros, haciendo una fiesta verdaderamente folclórica, colorida, alegre y llena de cultura popular.

La participación popular entusiasta y comprometida con las tradiciones folcloricas.

Ya no hay fiesta en familia, en las se departía alegremente entre familiares vecinos al son de la música sampedrina, compartiendo viandas compuestas de mucha carne asada de cerdo, tamales y, por supuesto, la chicha y el aguardiente.

Hoy la fiesta es oficial, y como tal, el gobernante de turno es quien define presupuesto, actividades, dónde, quién y cuándo de un programa en el que un cerrado circulo político y social hace valer sus privilegios, mientras el grueso de la población se limita a ser espectador pasivo cuando no indiferente a lo que pasa el fin de semana sampedrino.  Con o sin pandemia, las fiestas folclóricas en nuestro medio están llamadas a desaparecer si como laboyanos seguimos esperando que sea el gobierno de turno quien las  realice y las viva.

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