EL VOTO Y LA CAMPAÑA ELECTORAL

Por Aníbal Charry González.

En medio del pantano pestilente de esta campaña electoral, plagada de guerra sucia, de compraventa de avales, de candidatos investigados e inhabilitados, de trashumancia y compra de votos, de infiltración de bandas criminales para elegir gobernantes que se pongan a su servicio, de contratación de sicarios para sacar del juego a competidores políticos, de alianzas repentinas de partidos y movimientos para concretar el negocio infame del reparto del poder en beneficio particular alrededor de candidatos herederos de la corrupción, y de financiaciones espurias propias del sistema político electoral podrido que tenemos -que harán posible que el grueso de los elegidos para gobernar queden hipotecados a sus financiadores para pagar con cargo a los recursos públicos-; resulta imperativo meter baza, quienes tenemos el privilegio y la responsabilidad de opinar en los medios, para tratar de influir alejado de mezquindades y fanatismos políticos y religiosos, sobre la conveniencia electoral en nuestras regiones.

En pasada columna escribí genéricamente sobre el ideal del gobernador que nuestro atrasado, empobrecido y corrupto departamento necesita, plagado de obras inconclusas y elefantes blancos insólitos como el estadio de fútbol de Neiva -convertido en auténtico crimen impune contra la ciudadanía-, cuestionando la inveterada incapacidad de nuestra dirigencia política para transitar definitivamente por las vías del progreso, jalonando grandes obras de infraestructura que nos permitan desarrollarnos en el campo de la competitividad en los dos vociferados pero inexplotados filones que tenemos, como son el turismo y la agroindustria; recabando que solo lo podríamos lograr de la mano de un gobernante líder, de probada transparencia y pulcritud en el obrar público y privado, y lo que es más importante, alejado de las mangualas politiqueras de siempre, que atinadamente llamara Álvaro Gómez como pacto de complicidades de los partidos para sostener un régimen corrupto.

Y en esa línea de ideal comportamiento para utilizar racionalmente y no en forma pasional y banderiza el arma más poderosa que tiene un ciudadano en una democracia, examinando objetivamente como opinador liberal -entendido en su significado de ideas libres y sin prejuicios, respetuoso de la idea ajena pero combativo, y no de militancia fanática partidista que no tengo-; lo que tenemos para elegir en nuestra región sin acudir al insulto y a la descalificación de la guerra sucia electoral a la que estamos acostumbrados; que por su parábola vital y política impoluta que conozco desde los albores del movimiento galanista al cual pertenecí, quien considero puede encarnar ese liderazgo para trasformar nuestra región, es el candidato Luis Enrique Dussán, prenda de garantía en el manejo pulcro de los recursos públicos, que tiene el blasón en este país de políticos tránsfugas y bandidos, de haber hecho política como representante a la Cámara en 2 períodos sin haberse contaminado, ganándose el respeto de sus colegas y de la opinión pública por ser un estudioso del tema agrario, y lo que es más relevante -en este medio de política mafiosa-, sin haber sido sindicado siquiera de un acto de indelicadeza en el servicio público, que me permiten confiar en él para que rija los destinos de nuestro departamento.

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