EL SOCIÓPATA

Actualidad Columnista

Por Aníbal Charry González

Un sociópata es una persona que no muestra empatía por otros, ni remordimiento alguno por sus acciones, que lo hace un ser sin sentimientos y un mentiroso patológico con ínfulas de superioridad, que tiene además serias dificultades para asumir el rol de autoridad según los siquiatras que describen estos trastornos de la personalidad que han padecido no pocos líderes políticos que han dejado su huella siniestra como Hitler y Stalin, para mencionar los más icónicos del orbe de esta saga del mal, y no tener que hacerlo con alguno de la política criolla para no herir susceptibilidades.

Pues bien: El escritor estadounidense Tony Schwartz, biógrafo  de Donald Trump, al preguntársele como titularía hoy el libro que escribió, afirmó sin ambages que “El sociópata”, agregando que con la biografía del personaje al cual acompañó durante 18 meses día y noche, “Le apliqué lápiz labial a un cerdo. Siento un profundo  remordimiento por haber contribuido a presentar a Trump de una forma que atrajo mayor atención hacia su persona y lo hizo parecer más atractivo de lo que realmente es. Estoy plenamente convencido de que si Trump llega a ser electo presidente de los Estados Unidos y llega a tener en sus manos las claves para lanzar mísiles nucleares, habrá una inmejorable posibilidad de llegar al fin de la civilización”. Qué miedo.

Lo ha dicho el mismísimo biógrafo de Trump que sabe por qué lo dice, lo cual ratifica los temores que tienen un gran número de estadounidenses que vienen protestando diariamente con su elección, y por supuesto el mundo entero ante el posible accionar de quien Schwartz se refiriera como no apto para llevar las riendas de un país. Y no son desde luego infundadas las prevenciones de la comunidad mundial frente al personaje de marras, que si fue elegido no obstante su trastornada personalidad, es porque como dijera Gandhi, interpreta  a quienes lo eligieron.

Porque Trump ha dejado ver en todo su esplendor sus condiciones de sociópata:  como  misógino, xenófobo, racista y discriminador (parecido por estos lares al inquisidor Ordóñez que aspira a ser presidente), enemigo de los inmigrantes a quienes ha prometido expulsar masivamente en un país donde buena parte de su grandeza se la debe a ellos; enemigo de los musulmanes y de los TLC y de las políticas de salud  para la gente más vulnerable emprendidas por el presidente Obama, amén de que ha prometido construir un muro imposible para separar a México.

Ese fue el personaje que eligió el pueblo norteamericano bajo la promesa de revivir la grandeza de su país, como lo prometió Hitler en su momento a costa de millones de muertos y la devastación de Europa, que además su biógrafo califica de personalidad patológicamente impulsiva y egocéntrica y un gran ignorante que si acaso se habrá leído un libro, que según su primera esposa Ivana era uno que reunía los discursos más destacados de Hitler. Como dicen los creyentes: que Dios tenga al mundo de su mano, que desgraciadamente no se ha visto en la historia sangrienta de la humanidad.

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