EL HAMBRE NO DA ESPERA

Actualidad Columnista

Por Eduardo Gutiérrez Arias.

Las dos últimas semanas hubo en Neiva diversas manifestaciones de protesta de organizaciones sociales y comunales para quejarse ante las autoridades por el mal trato que han recibido de ellas en el manejo de medidas tomadas para contrarrestar la pandemia del coronavirus. Cerca de 150 médicos, enfermeras y personal administrativo del Hospital General de Neiva, salieron dos días consecutivos para expresar su inconformidad por la falta de implementos de bioseguridad y un protocolo adecuado en la materia que los prevenga del contagio. También en rechazo de los contratos de trabajo leoninos hechos a través de terceras organizaciones para explotar a los funcionarios, pudiendo realizarse este tipo de contratación en forma directa. Los estudiantes de último año de medicina de la USCO que realizan su internado en el mismo hospital, han renunciado a su práctica por las mismas fallas que denuncian los médicos contratados. Los vendedores ambulantes agrupados en varias asociaciones también realizaron una movilización por las calles centrales de la ciudad pidiendo que se les incluya en las ayudas y bonos solidarios anunciados por el gobierno y que ellos no han recibido. Ese mismo reclamo lo  hicieron grupos LGTBI de la comuna 9 que viven de la prostitución y el rebusque, actividades que hoy no pueden ejercer y que los priva de los ingresos para su supervivencia. En los barrios del sur (comuna 6), varias Juntas de Acción Comunal también han salido a la calle a protestar porque no han sido incluidos en los auxilios solidarios oficiales a los que tienen derecho por pertenecer al estrato 1.

Este panorama de la inconformidad social se ha repetido en Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga y muchas otras ciudades del país. Si en Colombia el desempleo ronda el 13% de la población laboral y el empleo informal se aproxima al 48%, significa que un poco más del 60% de la población laboral, en la actual coyuntura de confinamiento obligatorio (alrededor de 9.000.000 de familias) carecen de ingresos para sobrevivir. Los auxilios del gobierno nacional, las gobernaciones y alcaldías han llegado a unos 4.000.000 de familias y cerca de 5.000.000 de hogares están pasando las duras y las maduras para conseguir los elementos básicos de subsistencia. Por eso las crecientes protestas y la actitud desafiante de muchos ciudadanos que se lanzan a labores de rebusque. La desesperación no es buena consejera. El gobierno debe recurrir a todo tipo de medidas económicas para atender este clamor de las mayorías pobres. En eso, seguro tendrá el respaldo del país.

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