EL FRACASO DE LA PRIVATIZACIÓN

Actualidad Columnista

Por Carlos Tobar

Una de las tres políticas estratégicas del neoliberalismo, como cuerpo ideológico del gran capital financiero, es LA PRIVATIZACIÓN; las otras dos son LA DESREGULACIÓN y LA REDUCCIÓN DE LA INVERSIÓN pública en el sector SOCIAL. Que el neoliberalismo está en franca bancarrota es un hecho de bulto en la vida cotidiana de las sociedades contemporáneas. No hay país, ni región, ni localidades que de una manera u otra no estén sufriendo las consecuencias de una política que no ha dejado sino desigualdades extremas, dónde unos pocos –los ultraricos– tienen riquezas fabulosas mientras las mayorías están siendo excluidas de todo, hasta del trabajo. Que esta es una epidemia mundial lo prueba la turbulencia que sacude –ya no solo a los países pobres o en desarrollo–, sino a los ricos de Europa, Asia o los Estados Unidos.

Pero, como “no hay peor ciego que el que no quiere ver” en nuestro entorno le echamos la culpa “a las Far”, o al castro-chavismo, o a la corrupción –que con todo lo grave que es no es la causa principal de nuestros problemas–, a la politiquería, e incluso a que el neoliberalismo no se ha aplicado de manera suficiente y profunda; o pregúntenle al actual gobierno.

Para visualizarlo con mayor facilidad tomemos dos ejemplos de actualidad (hay miles de ellos). El primero es la solicitud de la gobernadora del Valle al Ministerio de Salud y a la Superintendencia del Salud, para que “se inicien los trámites correspondientes al proceso de suspensión de la Operación de la EPS CAFESALUD, en el Departamento del Valle del Cauca debido al incumplimiento…”. ¡Cómo así! La gobernadora Dillian Francisca Toro, médica de profesión, en representación de los ciudadanos de su departamento, solicita la suspensión una EPS. Si, así es. A los colombianos se nos llenó la copa con los abusos y la incapacidad de esas empresas intermediarias que han hecho colapsar el sistema, porque la lógica de la ganancia privada es antagónica con el interés general.

El otro caso, es el anuncio de riesgo de apagón en la costa Caribe, hecha por el director ejecutivo de la Federación de Gobernadores, Amilkar Acosta, que dejó al descubierto la posible quiebra del distribuidor y comercializador privado ELECTRICARIBE. No ha bastado que la regulación expedida por la CREG, haya establecido precios de monopolio para la energía eléctrica, con regalos multimillonarios, a cargo de las tarifas, como en el caso del tristemente famoso ‘cargo por confiabilidad’, que nos obliga a los usuarios pagar tarifas que son de las más altas de América. Todo porque esas empresas no están dispuestas a hacer, como en el caso de la costa, las inversiones en redes que garanticen la calidad y fiabilidad del servicio. Otro vez, la contradicción entre la lógica de la ganancia privada y el interés general. Digamos, de manera contundente, que ese tipo de riesgos solo está dispuesto a asumirlos el Estado, con los capitales que a través de impuestos, tarifas o tasas aportamos los ciudadanos.

Esperamos que podamos decir que esa es una lección aprendida y que estamos dispuestos a pensar con nuestros propios cerebros pero, sobre todo, a pensar en beneficio propio.

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