EL DEBATE AL FISCAL CORRUPTO

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Por Carlos Tobar.

El martes de la semana pasada, se llevó a cabo el debate de control político al fiscal, Néstor Humberto Martínez, realizado por representantes de la oposición.

La parte fuerte de las acusaciones corrieron por cuenta del senador, Jorge Enrique Robledo, dirigente del Polo Democrático Alternativo, quién haciendo honor a su carrera de hombre serio y de principios, presentó con solvencia y gran documentación de soporte, las razones por las que NHM, no puede seguir siendo la cabeza de la Fiscalía General de la Nación.

Particularmente, probó hasta la saciedad que, el señor Martínez, está untado hasta enmelocotarse en el mayor escándalo de corrupción de la actualidad: el caso Odebrecht. Que Martínez, por las denuncias del testigo Pizano –trágicamente fallecido–, sabía por lo menos desde el año 2015 de la trama de sobornos que le permitió, a esa empresa constructora multinacional, hacerse a importantes contratos en el país. Que, en consecuencia, nunca debió presentar su nombre para aspirar al cargo de Fiscal General de la Nación, por los impedimentos que devenían de su relación de asesor jurídico del socio nacional de Odebrecht, el grupo Aval de Luis Carlos Sarmiento; hechos que, además, nunca denunció ni como ciudadano conocedor de varios delitos, ni como abogado, ni como candidato a uno de los cargos más importantes de la justicia.

En síntesis, la presentación de Robledo, fue impecable, contundente, aplastante…, y así lo reconoce el país sano y ávido de justicia. Solo la hez de la sociedad, la cáfila de dirigentes de los partidos gobiernistas, carcomidos por la corrupción –su forma de vida–, se atrevieron a sabotear, que no a defender, al fiscal corrupto. Le tocó a este, en persona, acudir a argumentos falaces y amenazantes, para tratar de desvirtuar las graves acusaciones lo que era tarea imposible ante el cúmulo de pruebas presentadas, conocidas por el país entero a través de periodistas independientes y las redes sociales. Para ello, contó con la complicidad de la mayoría de la mesa directiva del senado que, de manera burda y antidemocrática, no solo le dio tiempo ilímite para su defensa, sino que impidió a los citantes, responder las débiles, desesperadas y pobres acusaciones de Martínez.

Del debate, surgen varios hechos políticos y fácticos, algunos dicientes y otros de implicaciones costosas para el país. De bulto, la pobre e autoincriminatoria intervención del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez; se nota el desgaste político de quién ha manipulado a su antojo los entramados del poder, pero, sobre todo, el reconocimiento tácito de su participación y la de su partido, el Centro Democrático, en la oscura corruptela de Odebrecht, que es extensible a cuanto estropicio electoral se ha realizado en los últimos dos decenios.

Gravísima la denuncia del senador Rodrigo Lara Restrepo, que prueba como a petición del senador en la época de los hechos, Iván Duque Escobar, el superintendente de Industria y Comercio, usurpando funciones que no le corresponden, ordenó la terminación del contrato que, no la caducidad del mismo, salvando así de pérdidas cuantiosas a Odebrecht y su socio interno CORFICOLOMBIANA pero, abriendo la puerta para la reclamación en estrados judiciales internacionales a la multinacional brasileña que ya interpuso una demanda por valor de 1.300 millones de dólares. Y, el taparrabos final para ocultar el bandidaje que encarna el fiscal Martínez: el video de Petro –que, si se mira con atención, es harina de otro costal–, izando la enseña “todos somos bandidos, así que hagámonos pasito”.

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