EL CASO DE LA REVISTA SEMANA

Actualidad Columnista

Por Eduardo Gutiérrez Árias.

Semana ha sido la revista más influyente en la vida colombiana en los últimos 30 años. Desde su relanzamiento en 1982 por Felipe López, logró en muy poco tiempo una amplia difusión por su manejo independiente frente a los grandes detentadores del poder y su apoyo a procesos democráticos de aquellos años como una salida negociada a la guerra, una gran reforma constitucional para modernizar las instituciones de la república, la defensa del pluralismo político e ideológico. Así ocupó una parte del espectro de opinión dejado por la revista Alternativa, creada en 1972 por Gabriel García Márquez, Orlando Fals Borda, Enrique Santos Calderón, Antonio Caballero, Bernardo García y José Vicente Kataraín, que cerró sus puertas en 1980, asfixiada financieramente por el cerco del Estado y las grandes empresas.

Otro factor de éxito de Semana para lograr en corto tiempo ocupar el primer lugar entre las revistas de opinión colombinas, fue la vinculación de destacados periodistas, intelectuales e investigadores sociales como Héctor Abad Faciolince, León Valencia, María Jimena Dussán, Daniel Coronel, Antonio Caballero, Daniel Samper Ospina y el Caricaturista Bladdo. Pero su avance periodístico tuvo como la otra cara de la moneda, un alto compromiso con las élites económicas, que le abrieron sus puertas para la contratación de publicidad. Bajo la presión de sus clientes comerciales fue abandonando su visión crítica de la realidad y se volvió cada vez más obsecuente con el gran poder. Eso implicó el retiro de columnistas como León Valencia, Héctor Abad, Daniel Coronel y Daniel Samper Ospina y su reemplazo por otros muy cercanos al uribismo y al Centro Democrático como Salud Hernández y Vicky Dávila. La salida de Coronel tuvo como trasfondo su crítica a la revista por haber engavetado la investigación sobre el regreso de los “falsos positivos” en las Fuerzas Armadas que sólo publicó después que la diera a conocer el New York Times.

Los cambios en Semana se vieron reflejados con la llegada de la exministra de Uribe, Sandra Suarez, a la gerencia general y la compra del 50% de las acciones de la empresa por la familia Gilinski, uno de los grupos económicos más poderosos del país. El plan de la derecha radical para tomar posesión de un estorboso medio informativo crítico y denunciador de injusticias y atropellos, se ha cumplido totalmente. Pero queda un vació que más temprano que tarde será llenado por otro medio tipo Alternativa que se comprometa con los grandes cambios democráticos que Colombia necesita.

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