DEJAR HACER ACUERDO

Actualidad Columnista

Desde los más distintos rincones del país, los colombianos pacíficamente reclaman la concreción de los acuerdos del gobierno con las FARC.

Las expresiones de apoyo a esta decisión, se observan en las más disimiles marchas en distintas ciudades colombianas.

En las marchas de respaldo, participan todos los sectores de la sociedad, sin distingo de raza, política o credo religioso. Estas marchas, son clara demostración del hastío de los connacionales, por la confrontación armada, que solo deja pérdida de vidas humanas y el deterioro de multimillonarios recursos económicos utilizables en ofrecer mejores servicios públicos.

La guerra fratricida, solo alimenta: intereses particulares, ambiciones de mesías de barro, el desprecio por la sociedad de algunos desgastados líderes, la ambición de poder sin ideas sociales, el rencor ciego, la mezquina terquedad y el camandulerismo anticuado.

Estas expresiones populares, masivas, voluntarias y participativas exigen el respeto por el nuevo concepto de sociedad civilizada, que ha superado el seguidismo oscurantista del siglo trece o el folclorismo mordaz del circo romano.

Si los atentados, la muerte de soldados y guerrilleros, los enfrentamientos armados, la destrucción de torres de energía, la quema de vehículos, el secuestro de ciudadanos, la atención de heridos por la guerra en hospitales, la realización de mortales retenes armados, la retaliación contra la población civil, el reclutamiento de menores, la zozobra en zonas rurales, los titulares de la gran prensa sobre masacres, los despachos sangrientos de los noticieros de televisión,  los falsos positivos, la exaltación a la violencia en los medios radiales, el temor a la expresión de inconformidad social, se  han reducido en cerca del 95 por ciento en Colombia, ¿Por qué no persistir en mantener ese clima? ¿Por qué no contribuimos a consolidar ese entendimiento? ¿Por qué seguir creyendo en embustes y planteamientos infundados? ¿Por qué seguir colocando  talanqueras a la paz? ¿Por qué seguir la conseja de predicadores cuyo único interés es el diezmo para su usufructo?

DEJAR HACER ACUERDO

Los colombianos, no podemos seguir divididos entre el SI y el NO, como lo hicieron a mediados del siglo pasado entre azules y rojos, mientras los patrocinadores de estas divisiones,  disfrutan los placeres de la buena mesa, el espumoso licor y el uso de la abundancia que les genera el erario.

Es injusto observar que nuestra juventud, los hijos que paren nuestras mujeres, antes que prepararse para impulsar el progreso social y gozar el bienestar que le genera su tierra tropical y de eterna primavera, tengan que tomar las armas destructivas, para defender causas ajenas con la posibilidad de perder la existencia antes de llegar a ser adultos.

Imposible concebir que en pleno siglo XXI, muchos colombianos, persistan en que es mejor la incertidumbre que la tranquilidad o que la guerra es mejor que la paz social.

También es cierto que es más fácil mirar, en cómodo sillón, que otros se agredan, pero que yo no reciba el puñetazo limpio, de esos luchadores, en mi propio rostro.

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