CUANDO EL TINTO SEA NOTICIA

Actualidad EDITORIAL

Los Periodistas estamos amparados  en el paradigma de la neutralidad.

Creemos que si nuestras emociones no se involucran con los temas y con las fuentes, garantizamos con mayor transparencia el sagrado derecho  de los ciudadanos a estar informados.

Para mantener esa distancia nos valemos de un código  que determina,  a lo ancho y a lo largo del planeta,  qué es noticia y qué no.

De manera que  disponemos de un manual que nos enseñaron en la escuela y adquirió perfección en las salas de redacción. Sobre lo que es noticia y lo que solo tiene su apariencia.

Ese código consiste,  por ejemplo,  que el Ministerio de Hacienda es más importante que el presidente de un sindicato, y que aquello  de que “Coca Cola mata a tinto”, le abrimos  espacio a lo que dice el funcionario y se lo vamos cerrando al dirigente. Ni hablar de los ciudadanos comunes.

Es como una especie de escalera,  en la que los peldaños inferiores  van desapareciendo  del interés de la valoración.

Lo que pasa es que no hacemos  juzgamientos distintos  del peso  de fuente  y nos quedamos con cualquier cosa que aquella dice.

Sería interesante si,  por ejemplo,  nos detuviéramos  a revisar los contenidos  y determináramos, en función de la conveniencia social, si lo publicamos o no.

Eso implicaría desplegar nuestro oficio  en un terreno de subjetividad consiente e, inclusive, empezar a debatir un nuevo código de tasación de las noticias.

¿Saben qué ocurre? Ya somos subjetivos pero sin una distinción  diferente de la que establece la codificación.

Me explico: Si reproducimos la voz de un Ministro de Hacienda cuando sostiene que La Reforma Tributaria es necesaria para evitar una recesión económica en el país,  sin el ejercicio que sugiero, estaremos repitiendo  sus intencionalidades porque, ajá, “Coca Cola mata tinto”.

No digo que los Periodistas seamos  los culpables de los males de La Nación -¡faltaba más! – pero si hemos contribuido a perpetuar algunos de sus abordajes.

Déjenme citar otro ejemplo: Para explicar los fenómenos económicos que ocurren en nuestra nación, nos valemos,  por lo general,  de unas posturas preconcebidas: si las empresas aumentan el salario automáticamente generan desempleo, si hay inflación el control se ejerce  por la demanda,  si hay subsidios generamos una distorsión en el mercado…

Todos esos son pruritos discursivos que hacen parte de una escuela del pensamiento económico, es decir,  de una forma de ver esa realidad. El asunto es que todas las fuentes  “coca colas”  fueron formadas en ellas.

Así las cosas,  nuestras informaciones  no revelan sino una visión de la fenología  económica y dejan por fuera a algunas que no alcanzamos a imaginar.

Pero igual pasa con otros hechos y temáticas.

Al saludar a mis colegas en este nuevo año, quiero invitarlos  formalmente a reflexionar sobre una nueva  categorización  noticiosa que nos permita aceptar la subjetividad como valor y hacer una medición  más incluyente de la realidad que cubrimos.

Alberto Martínez Monterrosa – Periodista

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