CORRUPCIÓN CONFLICTO Y POLÍTICA

Por Marcos Silva Martínez.

El continuo crecimiento de la politiquería y el clientelismo, atizado por la codicia y avaricia de los partidos tradicionales y luego hasta por los de izquierda, institucionalizó la corrupción, acabó con las ideologías  políticas, socializó la inmoralidad y dio como resultado la anarquía del poder, que padecen las mayorías nacionales. Ahí nació y se nutre el verdadero conflicto socio-económico colombiano. De ahí surge la imposibilidad de solucionar los efectos destructivos del conflicto socioeconómico nacional. Las maniáticas aberraciones y prácticas en el ejercicio del poder, le rinde demasiados dividendos a los usufructuarios del poder. Iluso pensar que están dispuestos a perderlas.

Lo  evidencian; el controvertido y precario desarrollo nacional, los dramáticos índices de pobreza, miseria y violencia, en colapso  moral de la clase política (ñeñepolítica),   la indiferencia de las mayorías anónimas, en la participación electoral, por el engaño sistemático del poder.

En Colombia no se ejercita la política, con ideas y bajo principios éticos. Se festina  politiquería y clientelismo. Lo evidencian, la incontenible corrupción pública y privada, las  alianzas con narcos, parapolíticos, hackers de tenebroso perfil, dispuestos a delinquir para lograr dividendos electorales  y asegurar el suculento negocio, en que se convirtió el poder político. El fin justifica los medios y el estado de opinión del uribismo. La contratación pública es el objetivo más codiciado.

Los malos efectos de la descomposición ética y moral del poder, trasciende y se convierte en patrón cultural colectivo, que es lo que denominamos cultura mafiosa. Finalmente todos pueden disponerse a participar en el festín de lo público. Es lo que ocurre con la contratación pública y los desastrosos resultados de la inversión y el precario estado de la infraestructura de servicios públicos. En el Huila: Muro de cerramiento de la escuela Juan de Cabrera, El elefante blanco del Reservorio, Riego Paicool-Tesalia, etc.

Las ideas y principios, que deben guiar los planes y programas de gobierno,  fueron sustituidos por el cálculo mezquino de perversos politiqueros, disfrazados  de dirigentes y de honestidad. Por ello los presupuestos nunca  alcanzan. Por eso se inventaron hasta las vigencias futuras, para gastar los impuestos anticipadamente.

Los resultados son evidentes. Cada gobernante resulta peor que el anterior, a pesar de las abultas sumas, supuestamente invertidas en desarrollo nacional, regional y local, sin que les importe que más del 50% de los impuestos que paga el ciudadano, se entregue al sector financiero, por intereses y amortización de deuda, mientras las necesidades básicas de los ciudadanos, que deben ser satisfechas por el estado, se mantienen a la deriva, o sirven de instrumento para lograr coimas, a través de la contratación a dedo.

Todos somos participes del suceder político, por acción u omisión, pero por decisiones equivocadas, tenemos que padecerlas.

El diabólico espectáculo de corrupción, que interceptaciones y videos develan, ejecutados en la campaña y elección del actual presidente Iván Duque Márquez, que no es acontecer nuevo sino que se reedita y catapulta en cada contienda electoral, junto a monstruosos hechos de corrupción en la inversión y manejo de los recursos públicos (vías, colegios, alimentación escolar, endeudamiento público,  narcóticos, etc.), definen y presagian  un futro sombrío para el desarrollo nacional y el cumplimiento de los derechos sociales, de la comunidad nacional. Bajo esas condiciones y circunstancias, es imposible ejercer el poder bajo criterios democráticos ciertos y responder por lo que requiere la estructuración de una comunidad nacional con solvencia ética y social y calidad de vida. Los resultados sucesivos del ejercicio del poder, lo demuestran, con contadísimas excepciones.

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