CONGRESO INFECTO

Por Aníbal Charry González.

Desde los albores de la República hemos tenido un Congreso infectado de corrupción y de intereses politiqueros para favorecer a su abominable casta política, al punto que Jorge Eliécer Gaitán atinadamente decía que una cosa era el país político, con sus contratos y canonjías, con su burocracia, con sus elecciones contaminadas para detentar el poder; y otra muy distinta el país nacional con sus angustias por la violencia y la miseria, su educación, su trabajo y sus servicios públicos sempiternamente desatendidos por el país político, como que sus intereses siempre ha ido en contravía de los del país nacional.

Es así, como el Congreso de Cúcuta en 1821, que tenía por encargo darle una nueva Constitución a la llamada Gran Colombia, fue integrado por élites contaminadas que representaban sus propios intereses y los de las oligarquías de la época, y no los del pueblo, cuyos resultados como bien lo reseña Antonio Caballero en su obra “Historia de Colombia y sus oligarquías”, eran los de esperarse en su propio beneficio, compuesto por diputados elegidos por voto censitario: de terratenientes, comerciantes ricos, abogados de comerciantes ricos y de terratenientes, que comenzaron a formar “una casta de políticos profesionales divididos en dos ramas fraternales pero enfrentadas, que más tarde se llamarían el Partido Retrógrado y el Partido Progresista: a la vez conservadores ambos y liberales ambos”, que por supuesto con algunas variantes de la misma laya se mantiene hasta nuestros días, repartiéndose el país de la mano de sus corruptelas a espaldas del país nacional.

Por eso, no obstante los cuestionamientos de corrupción del inane, vergonzoso ausentista y folclórico -por aquello de cantante-, del senador Arturo Char, investigado por la Corte Suprema de Justicia por corrupción al elector y fraude electoral, según denuncia que ratificara la prófuga Aída Merlano; no había ninguna posibilidad por razones de decoro, que ese congreso infecto que secularmente hemos tenido y que solo responde a sus propios intereses, se abstuvieran de elegir presidente del Congreso al senador de marras, pues se trataba de cumplir a rajatabla los pactos politiqueros de siempre, para garantizar el reparto milimétrico de la gran burocracia para partidos igualmente infectos que integran la coalición de gobierno, dispuestos como caimanes en puerto a satisfacer su bulimia burocrática que apuntale sus futuros intereses electorales.

No se podía esperar menos de un congreso contaminado, que cacareando la presunción de inocencia de pillos redomados, impone sus vitandos intereses por encima de la ética y el decoro político, así después manden a la cárcel al presidente electo del Congreso, al fin y al cabo acostumbrados a la condena y encarcelamiento de un enjambre de presidentes del Legislativo por corruptos y criminales, por lo que no desentona para nada que después hagan lo propio con el que ahora han elegido contra viento y marea.

Escolio. Y miren cómo se comporta ésta infecta casta política que gobierna: mientras impúdicamente ordenan investigar penalmente a Petro por el aporte ínfimo a su campaña de una maestra, no ha pasado nada con la millonaria suma que recibió Duque del ‘Ñeñe’ Hernández a la suya.

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