CINISMO POLÍTICO

Actualidad Columnista

Por Aníbal Charry González.

El subpresidente Duque, en su máxima expresión de cinismo político a la que nos tiene acostumbrado la vitanda política tradicional frente al ejercicio legítimo de la oposición contra un gobierno deslegitimado y sin norte, tuvo la cachaza de afirmar sin ruborizarse con pose de falso estadista, que estos tiempos de pandemia no eran para tratar de generar el caos con posiciones neoliberales y castrochavistas que llamaban a la lucha de clases para estimular el odio social, sino para convocar a la unidad con el fin de superar las consecuencias del coronavirus como correspondía en una democracia como la nuestra.

Gustavo Petro

 Y es que la referencia iba directo a la convocatoria que hizo el senador Gustavo Petro  frente al desgobierno y la galopante corrupción que penetró, cosa rara en este país de sistemáticos fraudes electorales desde las actas de Padilla,  la financiación por debajo de la mesa de la campaña de Duque con la ñeñepolítica, a la desobediencia civil -que no es más que una manifestación democrática pacífica amparada por supuesto en nuestra Constitución de libertades para no reconocer un gobierno ilegítimo producto del fraude-, sobre todo cuando sabemos anticipadamente que no va a pasar nada con la elección fraudulenta en manos de la misma clase política corrupta que es el juez natural del Ejecutivo, que por graves que sean los cargos  no han condenado jamás a los corruptos elegidos, como no ocurrió en el más protuberante fraude electoral de la campaña de Ernesto Samper financiado literalmente por la mafia del narcotráfico, siendo por supuesto absuelto con base en sobornos con cargo al presupuesto público.

Alfonso López Michelsen

Vivir para ver, diría López Michelsen, ante la impostura de Duque ahora que gobierna, para deslegitimar y poner en riesgo a la oposición y al mismo Petro, equiparándolos a subversivos y terroristas que tienen como estrategia el odio social para generar caos y violencia, cuando sabemos que fue su partido político y su jefe los que utilizaron pérfidamente la estrategia de la división y el odio para llegar al poder satanizando a los amigos de la paz como apoyadores del terrorismo, acudiendo al miedo y a la mentira para atacar los acuerdos de La Habana y de esta manera ganar el plebiscito, demostrativo de la doble moral de la ultraderecha uribista, que considera que es buena la oposición cerrera llamando a la resistencia ciudadana cuando ellos lo hacen en forma malsana, pero es mala y estimuladora de la violencia  cuando lo hace legítimamente la oposición.

No podía ser más cínica la posición del subpresidente Duque, que llegó al poder como se ha dicho estimulando su partido político la violencia, que se mantiene contra los reinsertados y los líderes sociales, para descalificar miserablemente a la oposición como saben hacerlo con ruindad, acorralado por su incompetencia y las sindicaciones de fraude electoral, y no por Petro, que simplemente utiliza como líder de la oposición la cruda realidad de este país sumido en la corrupción, la violencia y el desgobierno.

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