ALERTAS Y PLANES DE CONTINGENCIA

El avance tecnológico imperante, permiten a las autoridades prevenir el impactos negativos en la sociedad, de los fenómenos naturales, incluida pérdida de vidas humanas.

Los incendios de la capa vegetal, las inundaciones en zonas pobladas, el deslizamiento de tierras, las olas de  invierno o de veranos, son previsibles, por la existencia no solo de equipos de observación sino con la dedicación suficiente de quienes están dirigiendo las instituciones designadas para la prevención y la atención de desastres.

Estos fenómenos no son nuevos, siempre se han presentado y en todas las regiones del mundo. Además, la ejecución de obras de infraestructura, generan identificación de advertencias, sobre el deterioro de la naturaleza, que deben ser manejadas con el cuidado y la responsabilidad propia del ser humano.

En regiones como el Huila, se ha dado en manejar con cierto folclor, las alertas, que no son otra cosa que un llamado burocrático sobre la posibilidad de una eventualidad, pero no llevan impresa una obligación concreta sobre la adopción de medidas por parte de la autoridad, las organizaciones, las instituciones y la base  de la población. Son simples escusas para que el común de la población, denote supuesta responsabilidad de quienes dirigen entidades oficiales, creadas para la prevención de la población sobre eventualidades de la naturaleza o defienda los recursos naturales.

También surgen los planes de contingencia,  elaborados en los escritorios, alejados de la realidad, a espaldas de la población vulnerable, bajo la óptica del funcionario oficial nombrado en la institución oficial, con base en estudios desactualizados y con el supuesto de amplia divulgación.

UN EJEMPLO

El mejor y oportuno ejemplo, es la ola de calor que invade buena parte del territorio colombiano incluido el Huila, que se yergue en medio de dos cordilleras y lo irriga el río Magdalena.

Por esta época  saltan las “alertas” se reviven “los planes de contingencia”, pero nadie los conoce porque no cuentan con la divulgación necesaria.

El contenido de esos documentos queda en los escritorios, a la comunidad  factible de afectación no llegan, en las autoridades civiles no hay interés, para los directores de las instituciones de vigilancia del entorno ambiental es asunto secundario, en los presupuestaos  regionales y municipales, no se dedica rubro alguno para este asunto, es decir, en la región no existe una política de prevención.

Cuando el incendio se presenta, en zona rural especialmente, el sol es culpable porque al calentar vidrios,  rocas o plásticos originan el fuego que se expande luego. Pero la intervención humana, no aparece como causa.

Una acción informativa real, concreta y permanente, es la principal herramienta  para evitar incendios, pero infortunadamente ésta no se da y si se ofrece es timorata e intranscendente, casi silenciosa, imperceptible.

LO CURIOSO

Hace algunos años, un gobernador, decidió organizar una red de información sobre alertas en la región,  conectaba los 37 municipios; la inversión fue millonaria, hoy los equipos, que dejaron, no sirven o están desconectados, la red desapareció y el equipo regional humano para la prevención y atención de emergencia, buena voluntad tendrá, pero carece de la logística necesario y en los municipios tales equipos solo existen en el imaginario.

La ola de calor es consecuencia del Cambio Climático, y afecta a la población civil, pero los gobernantes no se dan por enterados y solo se atienen a las alertas y los planes de emergencia que supuestamente emiten las instituciones y la autoridad ambiental.

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