AL PENDIENTE

Actualidad Política

Por Luis Alfredo Ortiz Tovar.

Muchos temas que implican una alta preocupación luego del desarme definitivo por parte de las FARC, continúan en la palestra de la sociedad, que expectante espera que se tenga la respuesta contundente y creíble.

No cabe duda por la implicación histórica de lo que significa, que la finalización del proceso de entrega del armamento de la insurgencia de las FARC, se constituye en un hecho de extrema relevancia, si de lo que se trata es de acabar la resolución de los conflictos mediante el poder oprobioso de ellas. Convertida las FARC en grupo político, debe significar un alivio en el pueblo colombiano que aprendió a convivir con la violencia producto del Conflicto Armado, quizá hasta ahora el de mayor duración en el mundo. Hasta aquí, la mejor noticia, incluso con las críticas que se sigan haciendo, sin desconocer eso sí, que ha sido el proceso de entrega de armas, el de mayor seguimiento, comprobación y materialización, referente al número y calidad de las armas, aplaudido por la comunidad internacional, que al menos mira sin la polarización en que nos encontramos sumidos, y tristemente por una causa que sin lugar a dudas debe ser de las más incluyente, cual es el logro de la paz.

Pero indiscutiblemente, y conforme avanza el proceso de paz, se echa de menos la presencia institucional en los lugares que históricamente dominó esta guerrilla, dejando al garete la población, y abriendo la puerta para que otros actores lleven a cabo acciones en contra de ellas, con lo cual se genera un razonado pesimismo y desprotección. No es  posible que después del proceso de paz, volvamos a las épocas crueles del narcotráfico, que pagaban por asesinar policías a quema ropa, o a colocar explosivos en lugares de afluencia de personas como los centros comerciales. No menos doloroso resulta que se siga escuchando de los comerciantes y ganaderos de las regiones, que el boleteo, ya en manos de quien sabe quién, siga siendo pan de cada día, aunado al asesinato selectivo de líderes sociales, y defensores de Derechos Humanos. Capítulo paralelo, lo constituye el desmantelamiento de cultivos ilícitos, que en vez de generar merma, se evidencia un crecimiento importante, constituyéndose este hecho también en un gran reto para lo que se avecina, razón por la cual  Ahora más que nunca, la fuerza institucional del Estado debe hacer presencia en los espacios donde se desarrolló el conflicto.

Si podemos ahora con la terminación del conflicto, divisar el paisaje, e identificar los problemas que nos han colocado en la una nación desigual e intolerante, y si ya no estamos en manos de la ilegalidad, sino de la legalidad, a demostrar la realidad, no con discursos ni estadísticas acomodadas, sino con verdaderos hechos que sienta la población, y que de paso vuelva a ser creíble el proyecto de país, que venimos bregando desde la misma época de la independencia.

Likes(0)Dislikes(0)

Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *