AGENDA DE DIÁLOGO

Por Aníbal Charry González.

En medio de los palos de ciego que viene dando el presidente Duque, para concretar una agenda de diálogo con los líderes de las marchas, que continúan ahora con cacerolazos, pretendiendo  torpemente diluir la efervescencia del momento para el efecto, aislado de la realidad nacional en actitud francamente autista, surge pertinente y atinada la propuesta que se ha hecho en una carta dirigida a Duque, de precisar que esa agenda debe girar necesariamente en torno a propuestas de la sociedad civil y no de la política vigente del Gobierno, que debe versar sobre cinco ejes temáticos.

“El pliego de peticiones de 13 puntos, la implementación de los acuerdos de paz, política de seguridad y derechos humanos, reforma política y electoral, y normas para luchar contra la corrupción”, a lo cual habría que agregarle para que quedara completa la agenda, una reforma a la justicia necesaria y urgente que está relacionada por supuesto con una política de seguridad y con la normas y herramientas que se requieren para luchar contra la plaga bíblica que nos carcome ante la inercia de la clase política y del mismo gobierno, cual es la corrupción, proveniente de la madre de la podredumbre que es el sistema político electoral que nos rige, conveniente desde luego a los intereses de gobernantes y miembros de corporaciones públicas corruptos, si queremos  capitalizar la movilización ciudadana para que haya verdadero cambio.

Teniendo claro, como lo expresaba en columna anterior, que las marchas basilarmente han sido contra la clase política incompetente y corrupta para gobernar, incluido  el Congreso para hacer las reformas que requiere el país para cambiar su torcido rumbo, como que sistemáticamente han fracasado todas las que se han emprendido, resulta pertinente pensar en la posibilidad cierta  como conclusión de esa agenda, en la convocatoria de una constituyente limitada, sin el temor que expresan algunos como el procurador Carrillo de ser un salto al vacío para liquidar nuestra constitución de libertades, pues se trata es de reformar puntos específicos como el sistema político electoral perverso que tenemos y la Justicia para ajustarlos a los intereses de la ciudadanía, que no harán nunca en el Congreso como está demostrado, que no tuvo reato alguno además, de pasarse por la faja la consulta anticorrupción con más votos que los obtenidos por Duque para ser elegido presidente.

Si no se acude a esta figura de expresión del constituyente primario, nada va a cambiar en estas materias, pues la clase política se seguirá negando a hacer estas reformas que no convienen a sus corruptos intereses, y solo las podrá hacer una constituyente limitada como lo ha reiterado la Corte Constitucional respecto de la reforma a la justicia y a este mismo instrumento sin que se pongan en riesgo los ejes fundamentales de nuestro Estado social y democrático de derecho, pues se itera no se trata de cambiar innecesariamente todo otra vez como erradamente dijera el columnista de El Tiempo Juan Esteban Constaín, sino de hacer las necesarias reformas vía constituyente primario que no ha querido, ni podrá hacer jamás la vitanda clase política.

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