28 DE NOVIEMBRE 

28 DE NOVIEMBRE  - www.tvnoticias.com.co

Por Carlos Tobar

Hay momentos en la vida de los pueblos en que los ciudadanos debemos ejercer el derecho a la protesta. El  28 de noviembre fue uno de ellos.

Por muchas razones y ante la incapacidad del gobierno de dar respuesta a los justos reclamos de muchos sectores sociales, los colombianos salieron a exigir una respuesta cierta a necesidades y problemas que nos aquejan.

Para empezar, los reclamos del sector educativo, especialmente de estudiantes y profesores universitarios y maestros de educación primaria y secundaria. Un sector que ha estado, desde siempre, desfinanciado. En el caso de la educación superior, cuando a comienzos de la década de los 90 del siglo pasado, con la aplicación de la ley 30 de 1992, se congelaron los recursos para las universidades públicas que, a lo largo de ese tiempo han tenido que aumentar sus obligaciones de cobertura y calidad sin que el gobierno nacional, responsable de su financiación, se haya preocupado por resolver el desequilibrio estructural que las aqueja.

El panorama no puede ser más desolador: edificios en ruinas que se caen a pedazos, laboratorios y centros de investigación trabajando con las uñas, bibliotecas desactualizadas e insuficientes para las necesidades de estudiantes y docentes, aulas donde el hacinamiento ha llegado a extremos inaguantables y, lo peor, recursos para formación y capacitación de docentes inexistentes. El ejemplo vivo de ese desastre es la Universidad Nacional de Colombia, el más importante centro de educación superior del país que, en todas sus sedes sufre por el abandono oficial. A nivel de provincia, la situación es igualmente grave.

Todos los años, universidades como la Surcolombiana, debe mendigar recursos para mal terminar el período académico, mientras sus instalaciones se deterioran inexorablemente. De la educación primaria y secundaria se debe decir que el panorama es igual o peor. Desde que una reforma constitucional que modificó reduciendo las transferencias para educación el faltante nacional es de muchos billones de pesos. Sin plata no hay educación, ni salud, ni ningún servicio público esencial.

Sumémosle, los reclamos de los asalariados de la ciudad y el campo, para quienes el salario mínimo ha terminado siendo más que un ingreso básico una ofensa social contra la dignidad de las familias; o las penurias de productores del campo: cafeteros, arroceros, paneleros, cacaoteros…, que, año tras año, cuando no los atenazan los precios miserables que reciben por sus productos, los acogotan hasta la desesperación las deudas bancarias y financieras; o el drama de miseria que viven los transportadores de carga ahogados por el precio de los combustibles y aceites, otros insumos o los confiscatorios peajes de la vías, la mayor parte de las cuales son de pésima calidad. La lista es innúmera, porque no hay sector social que no esté al borde de la ruina por culpa de las políticas oficiales de corte neoliberal que, únicamente favorece los intereses de la grandes multinacionales y sectores poderosos de la banca y el capital financiero.

La cereza del pastel es la reforma tributaria, mal llamada “ley de financiamiento” que, ha recibido el rechazo de la sociedad toda. Su espíritu fiscalista amenaza con terminar de acabar el ya decaído consumo nacional, alma y nervio de la activación económica. Así que, lo único que hay son razones para la protestar.

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